Aterricé totalmente dormido. Me costó levantarme del asiento, después de cuatro días de dormir solo dos horas por día. Mientras esperábamos que se abriera la puerta del avión, delante mío vi una pareja que parecían japoneses. Muy jovencitos. Ella lo miraba y le hablaba despacio en su oído. Él sonreía y cuchicheaban enamorados…pero lo que más me llamó la atención fue de la manera que ella lo miraba. Y era con admiración. Ella lo admiraba, y en eso no había dudas. ¿Hay algo más importante que eso? ¿Que ella te mire con admiración? Creo que es un logro que muy pocos hombres pueden disponer. Yo, a veces, creo que lo he logrado. Que mi esposa me mire con admiración. Y la bendición extra: también me ama. Nada más se puede pedir en esta tierra incendiada por tanto odio e intolerancia…

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